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jueves, 3 de noviembre de 2016

10 cosas que no puedes dejar de hacer si viajas a Gambia

Viajar a Gambia es un espectáculo para los sentidos. A continuación, te detallamos 10 cosas que no puedes dejar de hacer si viajas a este pequeño país africano.

1. Pasear por los mercados: el de Brikama nos pareció espectacular. Un derroche de colores, olores psicodélicos y gente, mucha gente. Merece la pena perderse por sus estrechos callejones e, incluso, probar algunos de sus productos. Pero cualquier mercado en otros pueblecitos (Kartong, Janjanbureh…) destila una esencia especial.
Mercado de Brikama.

2. Ver cómo llegan los pescadores a Tanji: al atardecer, centenares de personas esperan ansiosas en la orilla la llegada de esas preciosas barcas de colores. Una escena bellísima de la vida cotidiana en Gambia.
Playa de Tanji.

3. Disfrutar de una puesta de sol en la playa del Boboi Beach Lodge: imagina una playa de varios kilómetros de arena blanquecina en la que estás tú solo (o con buena compañía), tomando un zumo o una fabulosa cerveza Julbrew.
Reflejos en la arena de la playa del Boboi Beach Lodge, justo tras la puesta de sol.

4. Ver pájaros: Gambia es uno de los principales destinos mundiales para el turismo ornitológico. El Tendaba Camp o la ciudad de Janjanbureh pueden ser buenos puntos de partida.
Gambia es un paraíso para el turismo ornitológico.
5. Navegar por el río Gambia para ver hipopótamos: estos animales, aunque peligrosos, son una de las principales razones por la que meternos en un pequeño bote y surcar las aguas del inmenso río. Con suerte, veremos unos cuantos muy de cerca.
Navegando por el inmenso Río Gambia.

6. Ser agobiado por los bumsters: aunque no sea de tu agrado, esto es algo inevitable. Paciencia, mucha paciencia, e intentar pasar del tema son los mejores remedios. 

7. Ver monos en el Bijilo Monkey Park: a pesar de estar en libertad, los monos están habituados a la presencia humana, por lo que son muy simpáticos. Buena oportunidad para demostrar tus dotes de fotógrafo.
Si somos pacientes, los monos se acercarán a saludarnos.

8. Regatear en los mercados de artesanía: y si no lo intentas, los propios vendedores te incitarán a ello. Se pueden obtener precios muy buenos si se es hábil en el arte del regateo.

9. Ser un toubab: en las zonas menos acostumbradas al turismo, los niños saldrán corriendo a tu paso gritando “toubab” (persona blanca), con una sonrisa en la boca. En ocasiones pedirán dulces o dinero, pero generalmente lo que buscan es simplemente saludar y conocer a esa persona que viene a visitarlos. 
Niños en una zona rural del interior de Gambia.

10. Reflexionar: en muchas ocasiones un viaje así te hace replantearte tu modo de vida. Para los que no conocen África, Gambia puede ser una buena introducción. Una buena dosis de realidad en la que poder ver la cara más amarga del planeta.
Poblado tradicional Gambiano.


Eso es todo, Gambia...¡esperamos verte de nuevo!

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Viaje a Gambia (y VII). ¿Por qué no un poco de relax?

¿Pues no tienen mala pinta los resorts de lujo en Gambia, no?
La noche anterior, entre cervezas y tequilas, Ricky y compañía nos habían recomendado visitar un resort de lujo con (según ellos) el mejor spa de toda Gambia. Y, además, por un precio más que razonable.
Aunque los spa no son algo que nos entusiasme, sí que nos parece interesante entrar a uno de estos resorts, único lugar de Gambia que conocen el 90% de turistas que llegan al país.
Así pues, nos levantamos con la calma, desayunamos y nos bañamos en la piscina del hotel. Total, no tenemos prisa, que el vuelo no sale hasta las 23:55. ¡Tenemos todo el día por delante!
Nos guardan las mochilas en el hotel, y vamos en taxi al Coco Ocean Resort & Spa; en apenas 10 minutos (se sitúa justo al otro lado del Bijilo Monkey Park). En la entrada únicamente tenemos que decir que queremos ir al spa. Enseguida nos abren las puertas y vamos a reservar: lamentablemente solo tenemos hora a las 17:30… ¡y aún son las 12:00!
Pues nada, esperaremos, que no tenemos otra cosa que hacer. Preguntamos si nos podemos quedar en el hotel disfrutando de la piscina y de la playa privada, a cambio de consumir algo allí y por entrar al spa. La respuesta, esperada, no tarda en llegar:
 - Of course, in Gambia… ¡no problem!
- ¡De PM! (supongo que pensé para mis adentros).
Cómodos sofás en el Coco Ocean Resort & Spa, donde tomar cerveza, zumos o cócteles.
Piscinas con mala pinta (ironic mode on).
Desde el primer momento, el simpático camarero nos trata de maravilla. Nos preparan dos tumbonas frente a la playa y se apresuran en traernos una fresquísima Julbrew.
Tomamos algunas cervezas y, ya que estamos, comemos. Los precios, aunque notablemente más caros que en “la Gambia real”, tampoco son nada excesivo; se podría decir que a precio europeo. Unos platos de pasta con gambas y calamar o pollo por aproximadamente 12 euros. Y en una cantidad ingente, difícil acabarse el plato.
Tras la copiosa comida paseamos un poco por la playa, bastante más tranquila que la que recorrimos el día anterior por la tarde.
Y así, con estas vistas, nos pegamos gran parte del día tumbados a la bartola.
A las 17:30 acudimos puntuales a nuestra cita con el spa. Hemos reservado un hammam con sal marina. Yo, personalmente, jamás había probado algo parecido. ¿La experiencia? Pues bueno, por este orden: baño con agua caliente + sauna durante media hora + baño con agua caliente + masajillo con sales con olor a galletas Chiquilín + sauna + ducha. Acabado esto nos hacen pasar a unas tumbonas donde reposamos y nos hidratamos con una música relajante de fondo. Y, hay que decirlo, nos ofrecen el mejor té que he probado en la historia. Repetiría solo por ese té. El hammam en sí…pues bueno, es relajante aunque no me pareció nada del otro mundo. Aunque, bien pensado, nos sirvió para montar bien limpitos al avión, que llevábamos una sudada encima…
¿El precio? La hora y media nos costó 1200 dalasi por persona (unos 22-23 euros).
Espectacular recibidor del spa.
Entrada a los vestuarios. No, no hice fotos dentro del hammam porque creo que mi cámara y la humedad no se harían buenas amigas...

Piscina del spa.
Ahí, en una de esas tumbonas, me tomé el mejor té de toda mi vida.
Al finalizar regresamos al Bamboo Garden Hotel, a recoger las mochilas y después en taxi hasta el aeropuerto, donde se acaba nuestra estancia en este maravilloso país.
Nos quedamos con la impresión de que, algún día, ¡volveremos!

lunes, 31 de octubre de 2016

Viaje a Gambia (VI). Fauna en Senegambia.

Buitres peleando por la comida, en la  playa.
Si bien Senegambia y alrededores, con sus amplias playas y resorts repletos de turistas, son la zona adecuada para disfrutar de cócteles, piscinas y playa; hoy vamos a comprobar que moviéndonos un poco podemos conocer algo de la fauna que hay en Gambia. Preferimos algo más de acción, cómo no.

Tras desayunar nos dirigimos, caminando, hacia Senegambia road. De camino  sólo 2 o 3 jóvenes bumsters nos han parado. Uno de ellos, amablemente:
- Bumster timadorcillo (BT): ¿Os acordáis de mí?
 - Nosotros (N): ¿???? No idea.
- (BT): Soy yo, el que os ha servido el desayuno en el hotel. ¿Habéis desayunado bien? ¿Qué tal la noche?
- (N) Bien, todo bien. Se agradece el aire acondicionado. Aunque me ha picado un súper mosquito en el cuello (señalándome un picotazo descomunal en el cuello).
- (BT): ¿Y no teníais mosquitera? Esta noche cuando vuelva a trabajar les digo que os la pongan. ¿En qué habitación estáis?
- (N): No, no teníamos. En la… ¿321?
- (BT): Uyyyyy pues el picotazo tiene mala pinta. Eso no es un mosquito, es una mosca “asdfasdfjaseifs” (palabra que no entendimos). Eso luego se convierte en un hematoma y es peligroso y bla bla bla…. Ahí teneís que poner una pomada que, casualmente, vende por aquí cerca un conocido mío… Yo os llevo es por esta calle, venid, venid conmigo, y bla bla bla…
- (N): No, no, gracias, que tenemos prisa. (Continuamos caminando para deshacernos de él).
* La conversación fue así aproximadamente, no la recuerdo al 100% y encima en inglés… El día que marchábamos del hotel vimos un cartel en el que ponía que estaban detectando timos en los que gente de la calle decía que conocía al turista de haberlo visto en el hotel y conseguía engañarlos para vender cualquier tipo de producto. Así que ojito. Nosotros, por suerte, nos dimos cuenta a tiempo.

Tras esta conversación, llegamos a Senegambia road, mucho más tranquila que el día anterior. Nos dirigimos hacia el fondo de la calle, donde está el Hotel Senegambia Beach, de aspeto lujoso pero algo anticuado. Sin embargo, tiene unos jardines, playa y piscina espectaculares.
La calle de Senegambia, con sus múltiples bares y restaurantes. Tranquila por la mañana, ajetreada de noche.
Modesta entrada al mítico hotel Senegambia Beach.
La noche anterior nos habían recomendado acercarnos a este hotel a las 11 de la mañana para ver cómo dan de comer a los buitres que merodean la zona. Se trata de unos buitres que viven en libertad, aunque alimentados (en parte), por un cuidador del hotel.
Los animales, habituados a la presencia humana, esperan tranquilamente en el césped, a solo unos metros de los huéspedes del hotel. En cuanto llega el cuidador que los alimenta, decenas de ellos se lanzan bruscamente a por la comida. Espectacular verlo en directo. Alguno de los pedazos de comida que lanza el cuidador cae, literalmente, a nuestros pies, por lo que notamos el contacto de los buitres con nuestras botas mientras se pelean por la comida. 
Un ave rapaz espera pacientemente a que llegue la comida.
En los jardines también habitan varanos, de casi un metro de longitud. Preciosos.

Un buitre se acerca, curioso, al objetivo de la cámara.
¡Hay que acicalarse, que vienen a hacernos fotos!

Secándose al sol, tras un baño en la fuente del jardín.
A las 12:00 hemos quedado con Muhammed, un guía oficial de la compañía Building Futures in The Gambia (buildingfuturesinthegambia.com), que nos habían recomendado la noche anterior. Sin duda, una elección acertadísima.
En primer lugar vamos al Bijilo Forest Park (también conocido como Monkey Park), situado a unos 10 minutos caminando de la calle de Senegambia. La entrada cuesta 150 dalasis. Recorremos esta franja de selva frondosa durante aproximadamente una hora y media (unos 4-5 kilómetros), pudiendo ver a los tímidos colobos rojos y casi tocar a los más curiosos cercopitecos verdes. Además de monos, vemos algunas especies de pájaros (destacando el martín pescador). Aunque no vimos ninguna, en el parque habitan varias especies de serpientes, algunas realmente peligrosas: pitones, mambas negras y mambas verdes… A pesar de que el parque se puede visitar por cuenta propia, Muhammed nos explica numerosas historias y datos curiosos que hacen la visita todavía más interesante.
Bijilo Forest Park. Como su cartel indica: monos, aves y serpientes.
Curiosas formas provocadas por un árbol que crece "parasitando" a una palmera.

Los colobos rojos permanecen, casi siempre en los árboles. No son simpáticos ni se acercan a los turistas.
En cambio, los cercopitecos verdes, son infinitamente curiosos y se acercan para que les demos comida (lo que, al parecer, está prohibido).

Hembra adulta de cercopiteco verde, pensativa.
Bonita escena familiar.

Colobos rojos jugueteando en lo alto de los árboles.
Tras ello, Muhammed nos lleva en taxi (100 dalasi) a la zona de Bakau, donde se encuentra el museo y la piscina de cocodrilos de Kachikally. Se trata de una pequeña laguna en la que habitan unos 80 cocodrilos, siendo un lugar sagrado para los lugareños, quienes se acercan allí para realizar rituales en busca de fertilidad.
Entramos a la zona de la piscina y paseamos entre los cocodrilos acompañados del cuidador, incluso podemos tocarlos si nos atrevemos. Una experiencia apasionante.
Volvemos al hotel de nuevo en taxi, y allí nos despedimos de Muhammed. Le pagamos los 1200 dalasi que habíamos acordado previamente, y que nos parecen un precio más que razonable para lo bien que nos ha tratado y lo mucho que hemos aprendido y disfrutado.
Dos ejemplares de cocodrilos del Nilo, que pueden llegar a alcanzar hasta los 4,5 metros de longitud.
Los cocodrilos en Kachikally están bien alimentados y no supone un peligro real pasear cerca de ellos.
La pata de un cocodrilo, en detalle.
Aunque nos digan que no son peligrosos, mejor no meter la mano ahí...
Calle típica, con su desagüe al aire libre, en la localidad de Bakau.
Comemos algo en el bar del hotel y sobre las 17:00 salimos a caminar por las playas. Al no ser temporada alta (comienza en diciembre-enero) no vemos excesivos turistas. Recorremos unos 5-6 kilómetros paseando tranquilamente, sin ser agobiados en exceso por los bumsters. En la playa, jóvenes de todas las edades se reúnen para correr, hacer flexiones o jugar a fútbol.
Con los últimos rayos de sol regresamos al hotel para darnos un baño en la piscina antes de que se haga de noche.
Playas interminables.
Al no ser temporada alta, la cosa está bastante tranquila.

Atardecer en la playa.
 Salimos a cenar a Senegambia road, y elegimos el restaurante African Queen. Lleno hasta la bandera de turistas, tiene un personal muy amable y ofrece comida de calidad a buen precio (700 dalasi por un plato para dos de gambas, calamares, pescado y dos cervezas).
Tras la cena  regresamos al 3 chicks, para agradecer a Ricky (nuestro anfitrión de la noche anterior) su ayuda y comentarle que el guía recomendado ha cumplido nuestras expectativas al 120%. Ricky, amable donde los haya, nos invita a sentarnos junto a él y sus invitados para tomar unas cervezas y tequilas, que aceptamos gustosamente.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Viaje a Gambia (V). De Janjanbureh a Senegambia

Calle principal (asfaltada) de Janjanbureh.
Nos levantamos a las 07:30, nos duchamos y preparamos las mochilas. Esta noche se ha hecho larga y dura por el asfixiante calor (y suerte que en el Baobolang Camp tienen ventilador, que si no…).
Tras un correcto desayuno proponemos a Abdulay el dar un paseo por Janjanbureh, puesto que por lo que sabíamos se trata de una ciudad con una carga histórica importante. Antigua ciudad colonial, el comercio de esclavos fue relevante entre el siglo XVI y principios del XIX.
Salimos a pasear por las calles de tierra, con bastante gente ya a estas horas de la mañana, sobre todo en el mercado local.
En primer lugar vemos una casa criolla construida en la década de 1830, la más antigua de la ciudad, semiderruida y con un estado de conservación paupérrimo. 
Seguimos caminando por la calle principal hasta llegar al palacio del Gobernador, donde en ocasiones se hospeda el presidente de Gambia. La verdad es que la visita no tiene nada de especial; puesto que solo se pueden visitar los jardines (por llamarlos de alguna manera).
La casa más antigua de Janjanbureh, construída en la década de 1830. Nada que visitar, en estado semi ruinoso.
Entrada a la casa del Gobernador. Visita poco interesante, para ser sinceros.

Otro punto de vista de la calle principal de la ciudad.
Después entramos al mercado local. Sulayman, el conductor con el que hemos hecho toda la ruta, nos acompaña. Prácticamente todas las mujeres del pueblo pasarán por el mercado durante la mañana, puesto que la carencia de neveras y congeladores obliga a adquirir la comida fresca cada día. Son numerosos los puestos de verdura, fruta, pescado y frutos secos. Saludamos a un par de vendedoras que posan amables para nuestras fotos, y adquirimos un jabón y cacahuetes. Sin duda la visita más interesante de Janjanbureh.
Los mercados en Gambia, siempre muy animados. ¡Cuánto nos gusta visitarlos!
Verduras gambianas. ¿El nombre? Ni idea.

Una simpática vendedora nos muestra su puesto de verduras y pescado.
Calle secundaria en Janjanbureh, más tranquila.
Antes de salir de la ciudad visitamos el centro electoral, donde nos muestran las curiosas urnas de distintos colores, en las que los electores depositan una canica según sus preferencias políticas.
Sistema electoral gambiano: si te gusta el partido verde, metes la canica en esa urna. Decían, entre risas, que ahorraban papel con este método. Razón no les falta.
Sobre las 11 de la mañana iniciamos el camino de regreso hacia la costa, en la zona de Senegambia, lo que nos va a costar unas 4-5 horas. El viaje se hace pesado aunque los paisajes de naturaleza exuberante y los numerosos poblados ayudan a que sea más ameno.
Paramos a comer a mitad de camino en el Bintang Bolong Lodge, un campamento situado a orillas del río Gambia cuyas cabañas están literalmente entre los manglares. Curioso, sin duda.
Poblado en una zona rural de Gambia, en el camino de regreso a la costa.
Vegetación exuberante.

Cabañas del Bintang Bolong Lodge, literalmente sobre el río Gambia.

Para acceder a la habitación hay que abrirse paso entre los manglares.
Llegamos a la zona de la costa sobre las 16:00. Nos alojamos cerca de Senegambia road, una calle repleta de restaurantes, bares y discotecas, en la localidad de Kololi. Estamos ahora en la zona más turística de Gambia, con resorts y hoteles de lujo y numerosos turistas, sobre todo ingleses y holandeses.
Nuestro hotel, el Bamboo Garden se halla en la calle paralela a Senegambia road, a solo 10 minutos andando. Se trata de un hotel de 3 estrellas, con piscina, bar-restaurante y todas las comodidades (aire acondicionado, etc…). Precio más que razonable para el salto de calidad que hemos obtenido.
Algo cansados por el viaje nos echamos una siesta y después un baño en la piscina, acompañados de la socorrida cerveza Julbrew para calmar la sed y el calor.
Típico hotel de la zona de Senegambia: piscina, bar, aire acondicionado...y cerveza Julbrew a raudales.
Jardines del hotel.

Habitación del hotel, no le falta un detalle.
Sobre las 20:00 salimos del hotel en dirección a Senegambia. Nada más caminar los primeros metros ya comprobamos en qué consiste el fenómeno de los bumsters. Se trata de insistentes jóvenes que nos saludan amablemente, nos preguntan qué tal, nos halagan…con tal de conseguir algún tipo de beneficio (dinero, que vayamos a un determinado bar o restaurante…). El nivel de “pesadez” puede llegar a ser exasperante. Al parecer, las ofertas a mujeres solas pueden ser incluso de índole sexual (como veremos posteriormente, son numerosas las parejas de jóvenes gambianos con señoras blancas europeas…). En ningún momento la presencia de los bumsters nos pareció peligrosa, sin embargo el hecho de no poder andar ni 100 metros sin que alguien te pare insistentemente es desesperante. Nosotros decidimos ni siquiera saludar y seguir caminando cuando decían “hola”, la mayor parte de ellos se cansaban enseguida.
Además, en muchas ocasiones se inventaban rocambolescas historias para ganarse tu confianza y poder persuadirte de sus intenciones: ¿Te acuerdas de mí, que te he servido el desayuno en el hotel? ¿Qué tal has dormido con el aire acondicionado del hotel?...Evidentemente, era la primera vez que nos veían pero intentaban sacar información y hacernos creer que estábamos ante alguien de confianza.
Volviendo al tema: cenamos en Senegambia road. Multitud de bares y restaurantes, con insistentes (¡cómo no!) camareros. Finalmente optamos por una pizzería para variar un poco la dieta de los últimos días.
Tras cenar paseamos por la calle buscando algún bar para tomar una copa tranquilamente. Descubrimos el bar “3 chicks & a grill”, donde conocemos a los dueños, quienes nos dan buena información sobre las actividades a realizar el día siguiente. Asimismo, tras la segunda o tercera cerveza nos invitan a unos chupitos de tequila, de manera que la noche se alarga algo más de lo pensado. Amabilidad 100%, lugar recomendado bien para cenar o para tomar algo en su terraza.
Para regresar al hotel podemos ir caminando (unos 10-12 minutos), pero preferimos tomar taxi (100-150 dalasi, regateando) para evitar el acoso constante de los bumsters.