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sábado, 27 de agosto de 2016

Grand Balcon Nord, de Plan de l'Aiguille a Montenvers (Alpes)



FECHA: 13 de agosto de 2016
ITINERARIO: Ruta Grand Balcon Nord: Plan de l’Aiguille – Signal de Forbes – Montenvers Mer de Glace
ALTITUD MÍNIMA Y MÁXIMA: 1913 metros (Montenvers); 2317 metros (Plan de l’Aiguille).
DESNIVEL ACUMULADO: Ascenso 213 metros, descenso 590 metros.
DISTANCIA: 6,78 kilómetros.
DURACIÓN:
–    1 hora y 45 minutos a la Signal de Forbes (35 minutos de descanso).
–    2 horas y 45 minutos a Montenvers.
DIFICULTAD:
-    Ruta muy sencilla, para todos los públicos. Siempre muy transitada (incluso en exceso).
-    Únicamente presenta algo de desnivel positivo en el ascenso a la Signal de Forbes.
CLIMATOLOGÍA: día muy soleado y temperatura agradable.
ATENCIÓN:
-    Sin dificultades reseñables en verano. Con nieve posiblemente la cosa cambie.
-    Transitadísima, llega a ser agobiante.
-    Las vistas son espectaculares en todo momento, pero sobre todo al llegar a la Signal de Forbes.

Puente del 15 de agosto, decidimos realizar una escapada de 3 días, volando  a Ginebra y allí alquilando un coche para llegar a Chamonix. Pasamos una jornada entera en Chamonix, subiendo al teleférico de l’Aiguille du Midi y posteriormente el “Mont Blanc Panoramic”, que se dirige desde l’Aiguille du Midi (a 3842 metros de altitud) a la Punta Helbronner, en Italia (a 3466 metros). Ver más info.
El teleférico de regreso desde l’Aiguille du Midi lo tomamos sólo hasta el punto intermedio, el Plan de l’Aiguille, situado a 2317 metros de altitud.
En este punto, abarrotado de turistas, senderistas y montañeros, comenzaremos la ruta. Hay un bar con unas vistas estupendas a l’Aiguille du Midi, la verdad es que apetece sentarse a tomar una cerveza.

Caminar vs cerveza, qué difícil elección.
Nosotros nos disponemos a realizar la ruta conocida como Grand Balcon Nord, que nos lleva desde Plan de l’Aiguille a la estación de tren de Montenvers, situada junto al glaciar más grande de Francia: la Mer de Glace (mar de hielo).
En morado, la ruta realizada.
Ruta según el GPS.
Perfil de la ruta.
Escala MIDE de dificultad. Fácil, fácil...

El camino comienza con un suave descenso por una senda bien marcada, con un gran panel indicador. Vemos a numerosas personas, de toda condición física, edad, equipación y simpatía, que llegan a Plan de l’Aiguille como destino final de su ruta.

Inicio de la ruta, bien señalizado. Todo el camino dispone de frecuentes carteles indicadores.
Nos detenemos constantemente a tomar fotografías, puesto que el paisaje es increíble. A nuestras espaldas vemos el teleférico que sube a l’Aiguille du Midi. A su izquierda el Glacier des Pélerins, y más a la izquierda numerosas y verticales agujas (Aiguille du Peine, Aiguille des Pélerins, Aiguille de Blaitiere…).
En unos 15 minutos llegamos al refugio de Plan de l’Aiguille, en el que existe una bonita terraza con bar/restaurante y unas vistas espectaculares al valle de Chamonix, Aiguille du Midi y Glacier des Bossons, entre otros.
Inicio de la senda, con una buena panorámica.
Estación de teleférico de Plan de l'Aiguille. Se ve el segundo tramo de teleférico, hacia la Aiguille du Midi (3842 m).
Refugio de Plan de l'Aiguille.
¿Apetece tomar algo? Al fondo, las casas de Chamonix.
Allí existe un cruce de caminos, pudiendo desviarnos hacia Chamonix. Nosotros, sin embargo, seguimos en dirección a Montenvers Mer de Glace.
El camino transcurre ahora a media ladera, descendiendo suavemente y atravesando pequeños riachuelos que provienen de los glaciares. En todo momento, a nuestra izquierda, el valle de Chamonix, unos 1000 metros más abajo. A nuestra derecha, imponentes montañas nevadas, rozando el cielo.
La senda, como hemos dicho, no tiene pérdida, puesto que aparte de estar muy bien conservada, tiene carteles indicadores bastante frecuentes. Además, siendo sábado y en verano, está transitadísima (excesivamente, se podría decir).
El camino transcurre a media ladera, en un terreno abierto (pulsar para ampliar).

Espectaculares agujas a nuestra derecha.

Vista atrás. Grandioso.

El Glacier de Baltière se abre paso entre las afiladas agujas.

Precioso paisaje alpino.

Enormes glaciares.

La senda serpentea a media ladera, en un entorno idílico.
Cuando llevamos 1 hora y 20 minutos de camino, encontramos un desvío a través de cuyos dos ramales podemos llegar a Montenvers. En uno de ellos pone “recomendado”. Nosotros hacemos caso, así que tomamos el desvío de la derecha. (Como después veremos, este es mucho mejor porque asciende a la Signal de Forbes, con unas panorámicas de los valles mucho mejores que el otro desvío).
El camino comienza a ascender con pendiente notable, realizando varias lazadas por un terreno algo arbolado. Nos dirigimos hacia el collado de la Signal de Forbes.
Al terminar este tramo arbolado llegamos a una zona de pequeños bloques de piedra, dirigiéndonos hacia el este, con la magnífica e imponente silueta de Les Drus al fondo, tapada a ratos por las nubes. Se trata, posiblemente, de una de las estampas más relevantes del camino.
Recomendamos tomar el desvío de la derecha ("Itinerarire conseillé").

Amplio valle.

Último tramo de ascenso, por pequeños bloques de piedra.
Les Drus, tapada en partes por las nubes. Ambiente de altísima montaña.

El camino vira ligeramente a la derecha, en ascenso, para llegar por fin a la Signal de Forbes (2198 metros de altitud) cuando llevamos poco más de 5 kilómetros de ruta (1 hora y 50 minutos).
En este punto nos detenemos a comer y, sobre todo, a disfrutar del inmenso paisaje.
Tenemos justo debajo al glaciar más grande de Francia, la Mer de Glace. Aunque en claro retroceso, todavía tiene una longitud de 7 km, una superficie de 35 km2 y más de 200 metros de espesor en algunas zonas. Realmente increíble, aunque viendo las marcas en la montaña del espesor que tuvo anteriormente, el retroceso es impresionante.
Detrás del glaciar, al fondo, vemos numerosas montañas, entre las que destacan las Grandes Jorasses (4208 metros), Dôme de Rochefort (4015 m), Dent du Géant (4013 m), Aiguille de la République (3305 m) y Aiguille des Grands Charmoz (3445 metros).
Contemplamos el paisaje durante más de media hora, tomando numerosas fotos y pensando que, probablemente, sea uno de los lugares más bellos en los que hemos estado.
Signal de Forbes, a 2204 metros de altitud, según el cartel indicador.

Aiguille de la République y Aiguille des Grands Charmoz (3445 m). Tapada por las nubes está la Aiguille de Blaitière.

Reconocemos, entre otras a  las Grandes Jorasses (4208m), Dôme du Rochefort (4015 m) y  Dent du Géant (4013 m). En primer plano la Mer de Glace.
Decidimos reemprender la marcha, que ahora ya continúa en franco descenso hasta la pequeña estación de tren de Montenvers (situada a 1913 metros de altitud), a la cual llegamos tras algo más de 2 horas y 40 minutos de marcha, contando paradas.
En la estación de tren disponemos de bar, restaurante, baños, etc… También hay numerosísimos turistas que aprovechan la facilidad de montar en el tren cremallera que parte de Chamonix y les acerca a este paisaje de ensueño. Desde la estación la vista del glaciar y el valle también es espectacular.
Además, si disponemos de tiempo de sobra (no fue nuestro caso), podemos o bien tomar un pequeño teleférico o bien caminar durante aproximadamente media hora más para llegar a los hielos del glaciar y visitar una gruta construida dentro del mismo.
Nosotros, sin embargo, únicamente tomamos el tren cremallera que nos deja en Chamonix tras un agradable paseo de unos 20 minutos.
Tramo de descenso desde la Signal de Forbes hacia Montenvers.

Llegando a Montenvers.

Bellísima panorámica la que tenemos desde la zona de la estación de tren.
En conclusión, se trata de una ruta fácil, breve y con unas vistas espectaculares, apta para cualquier persona con un mínimo de preparación física. Recomendadísima.




miércoles, 24 de agosto de 2016

De Chamonix a Ginebra (III). Por las calles de Ginebra.



Desayunamos tranquilamente en el buffet del hotel (no estaba nada mal) y salimos a pasar la mañana conociendo la ciudad.
Tomamos la Rue du Mont Blanc, donde tenemos una oficina de turismo en la que coger un mapa de la ciudad, y nos dirigimos hacia el casco antiguo, cruzando el puente del Mont Blanc. En este momento tenemos unas vistas fantásticas del lago Leman y el Jet d’eau.

Lago Leman con el Jet d'eau.


Suiza es mundialmente conocida por sus relojes, homenajeados con el gran Reloj de Flores, situado al otro lado del Puente del Mont Blanc, en una esquina del jardín inglés. Nos tomamos unas cuantas fotos en este lugar simbólico.
El célebre Reloj de Flores, uno de los símbolos de Ginebra.


Seguimos la marcha hacia la Place du Port y después hacia la Place de Longemalle, en dirección al casco antiguo. Recorremos calles repletas de relojerías, resistiéndonos a la tentación de comprar alguno de estos bonitos y baratos* relojes. 
*No, ni baratos ni tentación ni nada. Inasequibles. Inaccesibles. Imposibles. Ni de coña, vamos.

Típicos relojes suizos, el más barato a riñón y medio.

Callejeamos rumbo a la catedral, guiados por sus altas torres, que vemos a lo lejos. La Catedral de San Pedro se comenzó a construir en el siglo XII, aunque debajo de ella existen restos arqueológicos que se remontan al siglo IV. Es conocida por ser el centro rector del protestantismo, ya que Juan Calvino predicó en este lugar durante 28 años. La visita no es para nada espectacular, puesto que por su condición reformista, los seguidores de Calvino la despojaron de prácticamente toda su decoración. El grandioso órgano sí que nos llama la atención.
 
Callejeando por el casco antiguo vemos las elevadas torres de la catedral.
Detalle de la Catedral de Saint Pierre.
La verdad es que no es una catedral muy recargada de detalles.
Eso sí, el órgano es espectacular.
Merece la pena, sin embargo, pagar los 5 francos suizos (o bien 5 euros), para poder subir a las torres de la catedral. Desde allí tenemos unas bonitas vistas de la ciudad en 360º, destacando sobre todo la que hay en dirección al enorme Lago Leman.

Ginebra desde lo alto de las torres de la catedral.
Detalle de las vistas.
De la catedral pasamos a la plaza Bourg du Four, animado rincón donde tomar tranquilamente un café o comer en sus variados restaurantes.


Nosotros no nos detenemos, y seguimos el paseo por la Rue de l’Hôtel-de-Ville y después por la Rampe de la Treille, donde se sitúa “el banco más largo del mundo”. De color verde, aunque tiene gracia por su tamaño, no nos parece demasiado relevante. Pero las vistas en dirección hacia el Parc des Bastions son notables.


Terrazas en la plaza Bourg du Four.
"El banco más largo del mundo". El más bonito, probablemente, no.


Descendemos hasta dicho parque, que se encuentra abarrotado dado el soleado día que tenemos. Paseamos por la Promenade des Bastions hasta llegar al Muro de los Reformadores, con cuatro grandes estatuas en el centro que representan a  Guillaume Farel, Juan Calvino, Teodoro de Beza y John Knox. 

Paseamos tranquilamente por la Promenade des Bastions.
Muro de los Reformadores.


Regresamos a la entrada del parque, donde se halla la Place de Neuve. Allí cogemos el bus (línea 5), que se dirige al aeropuerto. Nosotros bajamos antes, en la parada “Nations”. Como su nombre indica, allí se encuentra el Palacio de las Naciones, sede de la Oficina de las Naciones Unidas.
En la plaza destaca una enorme escultura de una silla de madera con una pata rota (“Broken chair”). Dicha silla simboliza la lucha contra las minas antipersona. 
 
Sede de las Naciones Unidas.
"Broken chair", que simboliza la lucha contra las minas antipersona.


Tras un breve paseo por la plaza regresamos, de nuevo en la línea 5 de autobús, hasta la parada “Bel-Air”.  Caminamos en dirección al hotel, pero antes aún tenemos que ver algunos puntos clave de la ciudad.
Primero pasamos por el Pont de l’île, con su bonita torre. Continuamos por la Rue de la Confédération, Place de la Fusterie y la animada Rue du Marché. Finalmente llegamos a la Place du Molard, donde los ginebrinos ya están comiendo en las numerosas terrazas.


Centenares de ginebrinos tomando algo en la Place du Molard.

Detalle del reloj de la torre.

Antes de despedirnos de la ciudad tomamos esta bonita foto.


Regresamos al hotel a recoger las maletas y tomamos de nuevo el bus 5, esta vez sí hacia el aeropuerto. Comemos algo allí (¡benditas sobras del día anterior!) y montamos en el avión con casi dos horas de retraso.

Suiza…¡Volveremos!