lunes, 24 de abril de 2017

Preparativos para el viaje a Sri Lanka y pequeña introducción

Sonrientes en Sigiriya.
Sri Lanka, la antigua Ceilán, la isla de los mil nombres. La lágrima de la India, dicen algunos; nosotros preferimos considerarla como la Perla del Índico. Exótica, misteriosa y fascinante, Sri Lanka ofrece al viajero playas kilométricas, tierras altas con campos de té, gente amable y una gastronomía realmente sabrosa.
¿Por qué nos decidimos por Sri Lanka? Tenemos que ser sinceros y decir que, en un primer momento, no estaba entre nuestros destinos pensados. Pero varios amigos la habían visitado recientemente (trayendo excelentes referencias) y nos encajaba a la perfección con los 10 días que teníamos de vacaciones, así que… ¡adelante!
Viaje en tren por las tierras altas de Sri Lanka.
 
UN POCO SOBRE SRI LANKA
La República Socialista de Sri Lanka es una isla con forma de lágrima situada al sudeste de la India, en el Golfo de Bengala. Tiene una superficie de algo más de 65000 km2, y una población de, aproximadamente, 20 millones de ceilaneses. (Nota: el término correcto es ceilaneses, ceilandeses o esrilanqueses. Cingaleses se refiere solo a los de esta etnia, sin tener en cuenta a la minoría tamil, que representa el 9% de la población). 
El budismo es mayoritario en la población (70%); sin embargo, también están representados el hinduismo, el cristianismo y el islam.
La isla posee 1340 kilómetros de costas y es, en su mayor parte, llana. Sin embargo, en el centro de Sri Lanka se elevan las verdes y fértiles “tierras altas”, donde proliferan campos de té.  Algunos picos en la zona superan los 2000 metros de altitud, siendo los más relevantes el  Pidurutalagala (2524 metros de altitud) y el Adam’s Peak, este último considerado sagrado por los ceilaneses.
Sri Lanka en el mapamundi. Foto tomada de es.wikipedia.org
El clima de Sri Lanka es tropical y húmedo, aunque con gran variabilidad entre sus zonas costeras y las zonas centrales altas (mucho más frías). Se podría dividir el año en cuatro periodos: la temporada monzónica en el sudoeste (mayo a septiembre), la temporada monzónica en el nordeste (diciembre a febrero) y las dos épocas intermonzónicas. Los meses más calurosos son, generalmente, marzo y abril.
Sri Lanka alberga, a pesar de su pequeño tamaño, una cantidad y variedad de fauna y flora realmente llamativa. El 15% de su territorio está protegido, y en algunos de sus parques nacionales podemos contemplar fácilmente sus animales más emblemáticos: elefantes, leopardos, cocodrilos, monos… No podemos olvidar tampoco su gran variedad de aves (garzas, ibis…) y de reptiles (cobra, pitón, varanos…). 
"Stilt fishermen", o lo que es lo mismo: pescadores subidos a un palo, típicos (antaño) de la costa sur de Sri Lanka.
Se cree que los primeros habitantes de Sri Lanka provenían del norte de la India, eran buenos comerciantes y exportaban canela a Egipto. El primer reino cingalés se forjó con la llegada a la isla del príncipe indio Vijaya, en el siglo IV a.C.  El budismo entró en Sri Lanka en el siglo III d.C; en los siguientes 1200 años se produjeron sucesivas invasiones desde la India, por parte de los tamiles o por reyes cingaleses. Estos dos grupos étnicos presentaban notables diferencias culturales y políticas, por lo que su relación nunca fue buena.
A partir de 1505 los portugueses colonizaron la isla; posteriormente ésta fue controlada por holandeses y más tarde por los británicos, quienes le otorgaron el nombre de Ceilán (Ceylon) en 1802.
Ceilán consiguió su independencia en 1948 y, en 1972, cambió su nombre al actual Sri Lanka. Pero poco después, en 1983, tras unos duros enfrentamientos en la península de Jaffna donde fueron asesinados 2000 tamiles, comenzó una guerra civil que no finalizó hasta 2009.
En el año 2004 una nueva desgracia afectó a la isla. El gran tsunami del sudeste asiático de ese año se cebó especialmente con Sri Lanka; las costas sur y este fueron las más dañadas, en algún punto el mar entró hasta 2 kilómetros en tierra. Perecieron unas 30000 personas y más de un millón y medio tuvieron que huir de sus hogares. 
Monje budista en Polonnaruwa.
En los últimos años Sri Lanka ha vivido un espectacular auge económico, con una notable mejoría de sus infraestructuras, pasando a ser un destino turístico emergente. Son cada vez más los viajeros de todo el mundo que quieren acercarse a este maravilloso país para conocer su historia, sus monumentos (tiene ocho lugares considerados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), su naturaleza, su gastronomía y la amabilidad de sus gentes.
A nosotros no nos cabe duda de que merece muchísimo la pena.
 
LOS PREPARATIVOS 
Vuelo: no existen vuelos directos desde España hasta Sri Lanka. Hay que hacer como mínimo una escala; los vuelos cuestan, generalmente, a partir de 600€. En nuestro caso hicimos Madrid-Dubai-Colombo y Colombo-Dubai-Madrid.
Vacunas/salud: no exigen vacunas obligatorias. Pero hay que tener las vacunas de rutina y es deseable estar vacunado de hepatitis A y fiebre tifoidea. Según las guías americanas (actualizadas en 2016) no se requiere profilaxis contra la malaria; según las recomendaciones españolas (2015) el riesgo es limitado y únicamente necesitamos evitar las picaduras de msoquitos. No olvidar que debemos beber siempre agua embotellada y evitar, en la medida de lo posible, alimentos crudos.
Exultantes tras descender los más de mil metros de desnivel del Sri Pada, montaña sagrada de Sri Lanka.
Época del año para viajar: como ya hemos comentado antes, existen dos temporadas de monzón (mayo a septiembre en el sudoeste y diciembre a febrero en el nordeste) y en marzo-abril es la época más calurosa. Dado que las zonas más visitadas están en el cuadrante sudoeste del país, parece lógico pensar que la peor época es de mayo a septiembre. Nosotros fuimos en enero y el tiempo fue ideal, sin lluvias y con temperaturas cálidas pero soportables.
Documentación: necesitamos pasaporte con una validez de al menos 6 meses. Además, se requiere un visado electrónico (llamado ETA, se obtiene en la web www.eta.gov.lk ) que nos permite la entrada al país por un máximo de 30 días y cuesta 35$. Se hace todo online, fácil, y llega al correo electrónico en poco tiempo (hay que llevar impreso dicho correo, aunque la verdad es que luego no nos lo pidieron).
Dinero: la moneda de Sri Lanka es la rupia ceilanesa (LKR). El cambio es, aproximadamente 1€ = 150-160 LKR. En algunos sitios aceptan dólares. 
Seguro: el seguro nos costó unos 45 € por persona (teníamos un 5% de descuento por haberlo contratado a través de algún blog de viajes). 
Festividad de la poya, en Kandy.
Ropa y material: decidimos ir con lo mínimo posible, puesto que teníamos que dormir cada noche en una ciudad y hacer numerosos trayectos en bus, tuk-tuk, etc…
-    Mochila grande (55 litros).
-    Pequeña mochila plegable e impermeable multifunción (nos vino de maravilla).
-    Ropa interior.
-    Camisetas.
-    1 pantalón largo transformable.
-    2 pantalones cortos.
-    Pantalón largo ancho traído de Tailandia (pijama/paseo/relax).
-    Chubasquero.
-    Abrigo plegable (imprescindible para la subida al Sri Pada, hacía muchísimo frío).
-    Chanclas ducha/playa.
-    Sandalias.
-    Zapatillas trekking.
-    Bañador.
-    Toalla súper absorbente.
-    Gafas de sol.
-    Frontal.
-    Botiquín (con antibióticos, y demás…)
-    Móvil y cargador.
-    Cámara de fotos, batería de repuesto, trípode y cargador.
-    Paraguas (de los plegables, no llegamos a usarlo).
-    Crema solar, repelente de mosquitos.
-    Bolsa ropa sucia.
-    Neceser (con lo básico).
-    Libreta/diario y bolígrafos.
-    Monedero oculto, tipo cinturón (nuestra queridísima riñonauer).
-    Pasaporte, copia del seguro, billetes de avión, papeles del visado.
-    Papeles de reserva de alojamientos.
-    Almohada hinchable para el viaje en avión.
-    Adaptador para el enchufe.
-    Libro de lectura.
-    Guías de Sri Lanka.
-    Dinero.

Ahora ya conocemos un poquito más sobre Sri Lanka y sobre qué tenemos que tener en cuenta para preparar un viaje a este bonito país. A partir de la próxima entrada en el blog, la ruta realizada, el presupuesto y mucho más. 
Vistas desde la cima del mini Adam's Peak, en Ella.

jueves, 30 de marzo de 2017

Ho Chi Minh City. Paseando por la antigua Saigon


Con la estatua de Ho Chi Minh, frente al edificio del Comité Popular.

Ho Chi Minh City (HCMC) es la ciudad más grande y poblada de todo Vietnam; con más de 8 millones de habitantes (que superan los 15 si contamos el área metropolitana), constituye el principal polo económico e industrial del país.
La vieja Saigon, como se la conocía desde la época colonial francesa (en que era capital de la Conchinchina) hasta 1975; tiene una historia más que interesante y, fruto de ello, ofrece al viajero numerosos lugares que merece la pena visitar. 
Paseando por las calles de Ho Chi Minh City.
Si bien la ciudad es muy extensa, gran parte de sus lugares más importantes se pueden recorrer a pie, siendo precisos solo 1-2 días para conocer con cierta profundidad HCMC. Así pues, tomando como lugar de referencia el Mercado de Ben Thang, el llegar al Palacio de la Independencia, Catedral de Notre-Dame, Ayuntamiento, Ópera o distrito financiero supondrá menos de media hora caminando.
Por otro lado, en las afueras y proximidades de la ciudad existen algunos puntos de interés, como pueden ser los túneles de Cu Chi, el templo de Cao Dai o el enorme parque Hoang Van Thu. 
Sala de recepciones, en el interior del Palacio de la Reunificación.

 Nuestro breve recorrido por Ho Chi Minh City
Llegamos al aeropuerto de HCMC a medio día; y nada más pisar tierra nos damos cuenta de que la tranquilidad de Phu Quoc se ha transformado súbitamente en un caos de gente y cláxones. Además, la lluvia hace que el día pinte todavía un poquito peor.
Habíamos solicitado que nos recogieran en el aeropuerto (a los del hotel, por 20$), por lo que nos ahorramos la búsqueda de transporte en medio de todo el barullo. Aunque, una vez allí, vemos que las compañías de taxi ofrecen transporte al centro de la ciudad por 180000 dongs (unos 7,5€) y que incluso existe un autobús (el 152) que puede llevarnos a la plaza del mercado Ben Thanh por un precio todavía menor. Vamos, que nos ha salido la jugada bastante bastante cara…
Animado tráfico en Ho Chi Minh City. Para cruzar es sencillo: lento pero constante, lento pero constante...

Llegamos al hotel, dejamos las maletas y nos ponemos los chubasqueros para salir a la calle. Sin embargo, a los 10-15 minutos comenzamos a notar esa sensación de “cosquilleo” en la tripa que poco a poco aumenta hasta ser dolor y…el resto de la tarde y noche los dos pegados al baño. Posiblemente la cena del día anterior, pensamos. La cuestión es que el primer día en la vieja Saigon no ha sido agradable, la verdad.
Hidrátate bien, que nos hace falta...
...
Nos levantamos pronto (06:00), con buen cuerpo (a pesar de lo del día anterior), y decidimos exprimir la mañana al máximo para poder conocer, al menos, lo más importante de HCMC.
Nuestro hotel está muy próximo al parque 24/9, que atravesamos para llegar a uno de los puntos más interesantes e importantes de la vida en HCMC: el mercado de Ben Thanh, situado en una de las arterias principales de la ciudad, la calle Le Loi.  
Puerta principal del mercado Ben Thanh, en la calle Le Loi.
Si bien los ciudadanos de Ho Chi Minh City realizan sus compras con asiduidad en este laberinto de pasillos estrechos repletos de objetos de todo tipo, se trata de un lugar bastante turístico. Constantemente nos ofrecerán recuerdos, camisetas o comida; a buenos precios (mejorables regateando). En este lugar debemos prestar especial atención a nuestras carteras y bolsos.
Pasillos estrechos, llenos de vida.
Difícil no encontrar algo que nos pueda gustar.
Nuestra siguiente parada es, quizá, la que más nos impactó de toda la ciudad. El Palacio de la Reunificación tiene un indudable valor histórico; es fácil recordar la imagen de un tanque norvietnamita atravesando la verja que lo protegía en abril de 1975, poniendo así fin a la Guerra de Vietnam.
Actualmente se puede visitar (siempre y cuando no haya recepciones oficiales), pagando una entrada de 30000 dongs. Por las mañanas cierra a las 11:00h, desconocemos si abre por las tardes también. Los pasillos de su interior parecen detenidos en el tiempo; su decoración, pasillos y objetos expuestos nos transportan a la década de los 70. La sala de recepciones, la vivienda del presidente y, especialmente, los sórdidos sótanos nos llamaron bastante la atención.
Los jardines y el Palacio de la Reunificación.

Detalle de la sala de recepciones, con el busto de Ho Chi Minh.

Sala de comunicaciones. Años 70 total.

Recorriendo los sórdidos pasillos.

Otra habitación, con decoración retro-futurista.

Detalle de otra de las salas de recepciones.
Tras la visita del palacio nos acercamos a la catedral, a pocos minutos caminando. La Catedral de Notre-Dame, construida en el siglo XIX, no es vistosa por dentro; sin embargo, vale la pena acercarse a contemplar el que en su época fue el edificio más alto de Saigon.
Catedral de Notre-Dame.

Vista de otra de las animadas calles de HCMC, desde el Palacio de la Reunificación.
Continuamos la visita hasta llegar al “Comité Popular”, el ayuntamiento de HCMC. Se trata de un suntuoso edificio situado en la parte alta de una enorme plaza. Allí cerca, frente a las puertas del ayuntamiento, se halla una gran estatua de Ho Chi Minh. Decenas de vietnamitas y también turistas acuden a este lugar para tomarse una de las fotos más típicas de la ciudad.
El Comité Popular, actual ayuntamiento de Ho Chi Minh City.
Primer plano a la estatua de Ho Chi Minh.
Seguimos caminando por el barrio más moderno de la ciudad, en el que todas las grandes marcas disponen de tiendas. Esto contrasta profundamente con la gran cantidad de banderas y carteles comunistas de la ciudad. No en vano, hemos de recordar que Vietnam es una República Socialista con economía de mercado (muy similar a China, vamos).
Edificio de correos.

Perfecta definición de República Socialista con economía de mercado.

Por la calle abundan carteles de este tipo.

Otro de los carteles de las calles de Ho Chi Minh City.
Pasamos por delante de la Casa de la Ópera, así como bajo los fastuosos edificios del hotel Carabelle y el Continental Saigon, famosos por haber aparecido en alguna película.
Nos adentramos después en el barrio financiero, de esbeltos rascacielos entre los que destaca la Bitexco Financial Tower, el edificio más alto de HCMC. 
Bitexco Financial Tower, el edificio más alto de la ciudad.

Pequeño pero animado callejón en el que se encontraba nuestro hotel.
Sobre las 12:30, tras una mañana bien aprovechada, regresamos al hotel para poner rumbo al aeropuerto, poniendo punto y final a nuestro viaje.
Se acaba lo bueno, se acaba nuestro viaje. Cám ơn, Vietnam!

miércoles, 22 de marzo de 2017

Phu Quoc: paraíso de arenas blancas y aguas turquesas

Sentados en el famoso columpio de Sao Beach.
Situada al sudoeste del Vietnam continental, justo debajo de Camboya, la isla de Phu Quoc se puede considerar uno de los lugares de turismo más convencional de todo Vietnam. Es uno de los destinos preferidos para las lunas de miel de las parejas vietnamitas.
A pesar de ser una isla pequeña, su expansión turística está siendo desmesurada. A lo largo de la costa, los grandes complejos hoteleros están creciendo como setas, por lo que el paradisiaco encanto de Phu Quoc probablemente se irá perdiendo en los próximos años.
El motivo está claro. Nos encontramos ante una isla de playas de arena blanquecina y aguas turquesas (de postal), con condiciones perfectas para la práctica del buceo y snorkel, o simplemente para disfrutar de una bonita puesta de sol mientras tomamos un cóctel. No obstante, la isla tiene poco más que ofrecernos, por lo que hay que saber a lo que vamos.
Hemos leído en varios lugares que quizá no se trata de una isla para mochileros (como sí lo son Koh Phangan en Tailandia o las islas Perhentian en Indonesia). La verdad es que parece mucho más diseñada para el turismo del “todo incluido”, aunque existen algunos alojamientos de bajo precio dispersos por la isla.
La "calidad de vida" resumida en una sola imagen.
Para llegar a Phu Quoc, generalmente lo haremos en avión desde Ho Chi Minh City; aunque existe la posibilidad de volar directamente desde otras ciudades vietnamitas (Hanoi, Can Tho…) o incluso desde alguna ciudad china (Guangzhou). Se puede llegar también en barco desde las próximas costas de Vietnam (Ha Tien y Rach Gia).
Para movernos por Phu Quoc el mejor medio de transporte es, sin duda, la moto. Podremos alquilar en numerosos lugares por un precio razonable (6-8€ el día). Nos permitirá desplazarnos a cualquier rincón de la isla, incluyendo Sao Beach, bastante alejada de la capital y las zonas más turísticas.
A punto de emprender el camino de vuelta desde Sao Beach al hotel.
Los principales puntos turísticos son:
- Sao Beach: sin duda, el lugar más bello de la isla. Situada en el sureste de Phu Quoc. Se trata de una playa paradisiaca, de arenas blancas y aguas turquesas. La imagen de su columpio colgado de una palmera le ha otorgado una merecida fama por todo el mundo.
- Duong Dong: la principal ciudad de la isla. En ella destacan, por encima de todo, el mercado diurno y el nocturno, ambos muy animados.
- Long Beach: la playa más concurrida de Phu Quoc, donde están la mayor parte de los complejos hoteleros, bares y restaurantes. El epicentro de la vida en la isla. En ella podremos disfrutar de unos espectaculares atardeceres.
- Pagodas y templos: dispersos por varias zonas de la isla, quizá el más relevante sea el templo Din Cau, en la zona de Long Beach.
- Prisión de Phu Quoc: la visita histórica/cultural más notable de la isla. 

¿Cómo fueron nuestros 3 días en Phu Quoc?
Tenemos que reconocer que nuestro paso por  Phu Quoc fue el capricho del viaje a Vietnam. Queríamos unos días de relax en playas paradisiacas y allí tuvimos nuestra ración, que nos sentó de maravilla. Nos alojamos en el Famiana Resort & Spa, un complejo hotelero en primera línea de playa que nos permitió disfrutar de unos atardeceres increíbles.
La piscina de nuestro hotel. Al fondo, la playa.
Llegamos a la isla de Phu Quoc en un vuelo desde Da Nang, con escala en Ho Chi Minh City; y nos viene a recoger (gratuitamente) una furgoneta del hotel.
Tras dejar las maletas nos vamos directos a la playa. Leemos, echamos una pequeña siesta (¡nos hemos levantado a las 04:15!) y nos damos un baño en las cálidas aguas del Golfo de Tailandia. Caminamos por la playa de Long Beach, plagada de hoteles en construcción.
Parte de la playa, en obras. Como se puede observar, excavadoras en la misma arena.
Las mujeres vietnamitas van a la playa lo más tapadas posible para evitar ponerse morenas (para ellas la belleza consiste en estar lo más blancas posible).
Ya de vuelta en el hotel, disfrutamos de un espectacular atardecer mientras nos tomamos una cerveza bien fresquita. Objetivo relax cumplido al 100%.
Para cenar nos acercamos al restaurante Cami, muy próximo al hotel (podemos ir caminando); probamos el calamar, los rollitos y el pollo con piña, todos ellos acompañados de arroz. Aunque los precios son algo más caros que en el Vietnam continental, las cenas “capricho” no superan los 20€ para dos.
Rudimentario pero bonito columpio en la playa de Long Beach.

Sí, estos son los atardeceres que buscábamos.
...
Desayunamos muy abundantemente en el fantástico buffet del Famiana. Después de semejante atracón, decidimos alquilar una moto para poder ir a pasar el día a la playa más famosa de la isla: Sao Beach.
En el propio hotel nos alquilan la moto (algo menos de 8 € por todo el día); así que preparamos una pequeña mochila con lo básico y salimos a descubrir la isla.
A pesar de que disponemos de un mapa de Phu Quoc, no resulta demasiado fácil encontrar los destinos puesto que las carreteras carecen de carteles indicativos. Nos fiamos de nuestra orientación y tomamos rumbo sureste, por lo que parece una carretera principal.
Echándole un poquito de "xang ron 95" a la moto.
Enseguida nos damos cuenta de que la isla está, literalmente, en obras. Cada pocas decenas de metros vemos edificios a medio construir, en primera línea de playa. Asimismo, la carretera por la que transitamos está, en su mayor parte, también en obras. Por ello, durante varios kilómetros vamos por tramos sin asfaltar o por el supuesto carril contrario (el nuestro está cerrado). No supone problema ya que el tráfico hacia el sur es escaso, únicamente algunas motos de viajeros y muy pocos vietnamitas. No obstante, nos da la impresión de que en pocos años esta isla padecerá un turismo descontrolado, perdiendo gran parte de su esencia.
Una vez llegamos a la zona sur de la isla (30-40 minutos), debemos encontrar el desvío a Sao Beach, que está poco indicado. En nuestro caso, tuvimos que preguntar a varios lugareños hasta que encontramos la pista de tierra que nos llevaba a esta playa paradisiaca (son unos 2 kilómetros desde la carretera principal).
Mapa con la localización de nuestro hotel, la ciudad de Duong Dong y Sao Beach.
Aparcamos la moto y, tras atravesar varios bares/restaurantes y tiendas, llegamos a la maravillosa playa. Arenas blancas, aguas calmadas y un día soleado como no habíamos visto nunca. Preciosa, sin duda. Además, por fortuna, no hay demasiada gente (esperábamos mucha más).
Contemplamos Sao Beach en toda su amplitud, y nos damos cuenta de que unos 200 metros hacia la izquierda la playa está prácticamente vacía, junto a un pequeño local de comida y bebida. Allí que nos dirigimos.
Enseguida comprendemos el motivo: hay que pagar por las tumbonas (regateando, ¡claro!) y las bebidas/comida son más caras. Negociamos las tumbonas (nos pedían 300000 dongs por las 2 y “obligaban” a pedir algo del bar; finalmente conseguimos obtenerlas por mitad de precio, y sin tener que consumir nada). Además, el famoso columpio colgado de una palmera, que tantísimas veces habíamos visto por internet, está justo a nuestro lado. Y esa zona de playa prácticamente para nosotros solos… ¡Sin palabras para definirlo!
Sonrisas infinitas.

¿Qué tendrá ese columpio que estuvimos subidos a él casi todo el día?
La playa, prácticamente, para nosotros solos.

De vez en cuando pasaban motoristas por la playa. Algunos vendían dulces y refrescos.

Posando mientras las olas nos golpean suavemente.

Al fondo está la entrada de la playa, donde generalmente hay más personas. Aquí estamos mucho más tranquilos.

Disfrutamos de toda una mañana y parte de la tarde en la playa, tomando miles de fotos y disfrutando del día soleado que tenemos. Irrepetible.
Qué maja esta cámara que sabe hacernos las fotos sola. ;)
Disfrutando como niños.
Sobre las 16:00 reemprendemos la vuelta a casa, pero esta vez por otra carretera para acercarnos a la principal localidad de la isla: Duong Dong. Sin embargo, queremos regresar al hotel a ver el atardecer otra vez desde nuestras tumbonas, así que no nos detenemos mucho.
El atardecer, igual que el día anterior, es espectacular.
Para cenar vamos a otro restaurante próximo al hotel, el May, donde podemos comer un excelente pescado hecho a la brasa. Muy recomendado.
Disfrutando de un cóctel mientras esperamos a que llegue el atardecer.
 ...
Por desgracia, el último día en Phu Quoc amanece bastante nublado y con previsión de lluvia, que no se hace esperar. Nos despertamos tarde y nos damos otro homenaje en el desayuno buffet del hotel. Nos damos un masaje (gratis, por los problemas que habíamos tenido en la habitación…) y pasamos el resto del día leyendo y descansando.
Entre lectura y lectura...partida de guiñote.
Sin embargo, ya de noche, nos acercamos a la localidad de Duong Dong (unos 10-15 minutos en taxi, 60000 dongs/2,5€). Allí visitamos el mercado nocturno, imprescindible para todo aquel que se acerque a la isla. Numerosos puestos donde venden de todo, aunque lo que destacan son los bares y restaurantes donde el pescado fresco está expuesto y podemos elegir lo que queremos cenar. Aunque todos tienen buena pinta, conviene mirar bien y preguntar a los camareros que nos ofrecen echar un vistazo a su género. 
Entrada al mercado nocturno de Duong Dong.

A pesar de que a ratos medio llovía, el mercado estaba bastante animado.

Uno de los productos típicos son los cacahuetes, bañados en cremas de cualquier sabor imaginable. (Deliciosos, por cierto)
Nosotros elegimos uno porque el que nos invitó a entrar era muy simpático (el restaurante se llamaba Dong Chau) y la verdad es que cenamos de maravilla y por muy buen precio.
Pescado fresco, sin duda.

Qué bien sienta una cerveza fresquita al acabar de cenar, ¿verdad?
Otra cosa es que, al día siguiente, ya en Ho Chi Minh City, nuestras tripas estuvieran “revueltas”, por decir algo. Pero eso ya, lo contaremos (si eso) en la próxima entrada del blog ;)

Sí, sí, ya podéis saltar, que no sabéis (todavía) cómo tendréis las tripas mañana al llegar a Ho Chi Minh City...