domingo, 12 de febrero de 2017

Viaje a Vietnam. Visita a Tam Coc: navegando en silencio.

Enorme paisaje desde el mirador de Hang Mua, en las proximidades de Tam Coc.
Situado a unos pocos kilómetros de la ciudad de Ninh Binh, Tam Coc es un pueblo tranquilo, articulado en torno a la carretera principal. A pesar de no estar todavía masivamente explotado por el turismo, podemos encontrar hoteles y restaurantes de todo tipo (y precio), aunque sin perderse la esencia del Vietnam rural.
Muchos viajeros hacen excursión en el día desde Hanoi o desde la ya citada Ninh Binh, para recorrer el fabuloso río Ngo Dong y visitar los templos y cuevas de los alrededores.
Si bien nos parece una opción válida el ir en el día, por nuestra experiencia creemos que pasar al menos una noche en este rincón rural de Vietnam merece mucho la pena. Ambiente tranquilo, agradable y con buena comida, alejado de las ciudades caóticas o la masificada bahía de Halong.
Sin duda, el pasear en barca por el río Ngo Dong, entre verticales montañas calizas y verdes arrozales, es la experiencia estrella de Tam Coc. Disfrutar de este momento justo al amanecer, antes de que llegue la ingente cantidad de turistas de viajes organizados es algo fundamental. Navegar por el río tranquilamente, en silencio y en soledad, no tiene precio.
Además del paseo en barca, en los alrededores de Tam Coc existen varios puntos de interés, a los cuales se puede ir en bicicleta (opción que también recomendamos). Por ejemplo, la zona de Bich Dong, con sus tres pagodas del siglo XV, se halla tan solo a un par de kilómetros. O el espectacular mirador de Mua Cave, a unos 5 kilómetros. Algo más alejados están el complejo budista de Chua Bai Dinh y la ciudadela de Hoa Lu.
Para nosotros fue, sin duda, uno de los mejores destinos de nuestro viaje.
¿Y nosotros, qué hicimos en Tam Coc?
Tras el periplo para llegar desde la bahía de Halong, en un autobús repleto de vietnamitas, por fin llegamos a la pequeña localidad de Tam Coc, ya de noche.
Nos alojamos en el hotel Nam Hoa, bien situado y más que decente. Dejamos las mochilas y enseguida nos disponemos a conocer un poco el pueblo. Según hemos leído en algunos sitios de internet, existe un pequeño restaurante familiar donde sirven unos rollitos deliciosos. Allí que nos dirigimos. Se trata del Minh Toan Father Cooking Restaurant, donde degustamos (sin dudarlo) los rollitos, así como noodles con gambas y sopa de noodles con cabra (la cabra es uno de los platos típicos de la zona). Internet no se equivocaba: si pasáis por Tam Coc no dudéis en acercaros a este pequeño establecimiento.
Tras la cena nos vamos pronto a dormir, que toca madrugar (y valdrá muchísimo la pena).
Los mejores rollitos que probamos en Vietnam. Uhmsssssssss
Son las 06:30 y está comenzando a amanecer, pero nos levantamos de la cama sin nada de pereza. Tenemos que desayunar (nos ponen un variado desayuno con frutas espectaculares) para ir pronto a coger el paseo en barca.
Desde el hotel a la plaza principal de Tam Coc nos separan unos 300 metros. A esta hora de la mañana hace fresco, así que una chaquetilla no nos viene nada mal. Cuando llegamos al lago en el que están aparcadas las barcas, sobre las 07:20, vemos que no hay nadie. 
Decenas de barcazas metálicas esperan a los turistas, a primera hora de la mañana.
Nos acercamos a la taquilla, ya abierta, y preguntamos precios. 150000 dongs por la barca (6€) más 120000 dongs (4,80€) por persona por la “entrada” al parque. Este precio, por lo que habíamos leído previamente, parece subir año a año…Es lógico que intenten hacer negocio; nos pareció caro pero, sin duda, mereció muchísimo la pena.
Subimos a la parte delantera de la barca, puesto que en la trasera irá una mujer vietnamita que será la que reme y nos guíe por el río. Ataviada con el sombrero típico, para evitar ponerse morena, enseguida comienza a remar… ¡con los pies! Esto no nos lo esperábamos, y nos llama muchísimo la atención. Resulta increíble que pueda remar con tanta destreza; no obstante, parece que se cansa menos así que si remara con las manos.
Iniciaremos la ruta en este lago, justo en el centro de Tam Coc.
Posando con la simpática vietnamita que nos llevó en la barca.
Es nuestra barca la única que navega a estas horas por el río, surcando silenciosamente el hermoso paisaje. Sin otros viajeros, sin barcas con vendedoras que nos atosiguen… Solo para nosotros, el río y el paisaje, como si de un sueño se tratase. ¡Qué bien hemos hecho en madrugar!
A lo largo de la ruta el río atraviesa 3 cuevas (conocidas como Hang Ca, Hang Giua y Hang Cuoi), de apenas un par de metros de altura, por las que navegamos boquiabiertos. Parece mentira que existan lugares tan bellos.  
"El Halong de tierra firme". Razón no le faltaba a quien acuñó ese término.
Llegando a una de las primeras cuevas.

Atravesando la primera de las cuevas, para descubrir otro paisaje todavía mejor.

Cuando llevamos unos 45 minutos de ruta la barquera se detiene y, con una amplia sonrisa, se ofrece a tomarnos algunas fotografías. Tras ello nos comenta que la ruta ha finalizado, pero que si le pagamos 150000 dongs más (6€) puede prolongar la ruta unos 20-30 minutos más. Aunque nos huele a pequeño gran timo un señor timo, decidimos aceptar puesto que ahora el río se estrecha y va por una zona más aislada todavía. Bonito sí, pero con la “alarma de timo” sonando a todo volumen.
Paisaje tranquilo, enorme y solitario.
Pescador faenando con las primeras luces de la mañana.

Reflejos en el agua.

Llegando al final del trayecto, en una zona más estrecha del río.
Regresamos a Tam Coc por el río, en sentido contrario a la ida. De vuelta ya nos encontramos con algunas barcas que realizan el recorrido. En algunas de ellas, cargadas de frutas, refrescos y demás, mujeres vietnamitas navegan en busca de los turistas. Por suerte para nosotros, solo una de ellas se acercó y pronto entendió que no queríamos nada de nada. Al parecer, pueden llegar a ser demasiado insistentes… Repetimos (por si no lo habíamos dicho): imprescindible madrugar, todo ventajas.
Resulta curioso ver cómo reman con los pies.

A lo largo del camino nos cruzamos con barcas repletas de fruta, refrescos, etc...

Ya de regreso, otras barcas hacen la misma ruta que nosotros previamente.
Una vez llegamos a Tam Coc decidimos volver al hotel para preparar las mochilas y hacer el check out. Sin embargo, todavía podemos tomar prestadas (gratuitamente) dos bicis con las que recorrer los alrededores, mediante un pequeño mapa hecho a mano que nos dan en el hotel (¡donde el trato es inmejorable!).
En primer lugar vamos a la pagoda de Bich Dong, situada tan solo a 2 kilómetros al oeste. Por el camino disfrutamos del entorno, algo deslucido por el día gris. Pasear en bicicleta por esta zona rural es la mejor opción, sin duda. 
La bicicleta es la mejor manera de recorrer los espectaculares alrededores de Tam Coc.

Agricultor trabajando en las afueras de Tam Coc.
La entrada a Bich Dong es totalmente gratuita; sin embargo, el dejar las bicicletas al lado de la entrada, en un puesto habilitado para ello, cuesta 30000 dongs (regateando conseguimos que sean 30000 por las dos bicis).
Realmente no se trata de una sola pagoda, sino que son tres las que se encuentran en el recinto. Construidas en el siglo XV, aunque no son espectaculares sí que merecen una breve visita (también porque son gratis...). Primero vemos la pagoda inferior y posteriormente iremos ascendiendo para ver la pagoda intermedia y la pagoda superior. Para llegar a esta última tenemos que atravesar una pequeña cueva. 
Entrada a las pagodas de Bich Dong.
Detalle de las pagodas.

- ¿Vamos por aquí o por allá? - ¿Y si  nos vamos a comer?

Interesante la visita a las pagodas.
Tras la visita regresamos al pueblo, donde hacemos una breve parada para “picar algo” y así reponer energías. Nos decantamos por el Duclinh Restaurant, donde nos tratan de maravilla. Miramos la carta y, finalmente, nos metemos una comilona en toda regla (rollitos, calamar, pollo a la barbacoa…). De verdad, sólo queríamos picar algo, pero la cosa se complicó y…
Solo queríamos picar algo...pero se nos fue de las manos.
Reemprendemos la ruta en bici, ahora hacia el este (por la carretera que va a Ninh Binh). Al llegar a una gasolinera nos debemos desviar a la izquierda, para continuar por una pista más estrecha que atraviesa unos hermosos campos de arroz. 
De camino a Hang Mua. Parece que el sol quiere asomar tímidamente.
En unos 25-30 minutos (4,5 kilómetros) llegamos a nuestro siguiente destino: Hang Mua. Pagamos la entrada, que cuesta 100000 dongs (4€), y comenzamos a pasear por los jardines. Justo enfrente de nosotros se alza una montaña en cuyas laderas se intuyen los casi 500 escalones de piedra que nos permitirán alcanzar su cima. Pues allí que nos dirigimos.
El ascenso se hace algo pesado, pero las vistas que vamos ganando compensan sobradamente. Desde la cima, repleta de otros viajeros (¡y de libélulas, que salen en todas nuestras fotos!), las vistas son majestuosas. Abajo, muy abajo, podemos ver el río Ngo Dong. Por él navegan varias barcas, igual que hemos hecho nosotros esta mañana en total soledad. En la cima, además, hay una gran estatua de un dragón, que domina el paisaje desde lo alto.
Tomamos decenas de fotos para inmortalizar el momento. Peeeeero, lo bueno se acaba, y tenemos que descender.
Ya abajo, nos asomamos a la cueva Mua, que da nombre al recinto. Podemos entrar por un estrecho pasillo durante unas decenas de metros hasta llegar a una pequeña piscina, o salir por la parte más ancha de la cueva hasta plantarnos prácticamente en los arrozales. Bastante espectacular, sí.
Ya dentro del recinto de Hang Mua. Al fondo se aprecia la enorme escalera que nos llevará al mirador.

A mitad de subida, descansito para tomar una foto.

Vistas desde la cima.

Al fondo el río Ngo Dong, donde hemos estado por la mañana.

Casi 500 escalones para descender... ¡y sin perder la sonrisa!
Un rincón curioso cerca de la entrada a la cueva Mua.
Con las luces del atardecer regresamos al pueblo. Devolvemos las bicis y nos damos una ducha (a pesar de que el check out era a las 12, nos permiten ducharnos y cambiarnos tranquilamente).
Después de cenar, sobre las 21:00, cogemos el sleeper bus que habíamos reservado con el hotel (10€ por persona). Vamos hacia Phong Nha, a ver parques naturales y enormes cuevas… pero eso será en la próxima entrada ;)
De camino a Phong Nha, en un sleeper bus.


lunes, 6 de febrero de 2017

Cómo llegar de la bahía de Halong a Tam Coc (modo low-cost)

Cómo viajar de Halong a Tam Coc con botas, mochila y una bolsa de basura repleta de regalos.
La bahía de Halong, como ya hemos comentado en el anterior post, es posiblemente el lugar más conocido de Vietnam, con su hermoso paisaje de islas verticales. Algo más al sur, a unos 150 kilómetros al suroeste, se encuentra la pequeña localidad de Tam Coc, por la que transcurre el río Ngo Dong entre espectaculares formaciones kársticas. Es tal la semejanza entre estos dos lugares que, por razones obvias, a la zona de Tam Coc se le conoce también como la bahía de Halong en tierra.
La verdad es que se parecen mucho, ¿no? A la izquierda la bahía de Halong y a la derecha el río Ngo Dong, cerca de Tam Coc.
Muchísimo menos masificada y visitada que su “hermana mayor”, llegar a Tam Coc desde otros puntos de Vietnam puede ser algo complicado. Si bien muchos se decantan por una excursión en el día desde Hanoi, nuestra ruta no contemplaba dicha posibilidad, sino que decidimos ir desde la bahía de Halong hasta Tam Coc en modo “low-cost”. Fue una decisión más que acertada, puesto que además de ahorrarnos dinero, el viaje fue bastante entretenido y algo bizarro. Además, el pasar una noche en esta pequeña aldea es algo que recomendamos 100%. Aquí va nuestra experiencia:
Ruta realizada (creemos) por el autobús, desde Halong hasta Ninh Binh. De allí taxi hasta Tam Coc.
Gastos del viaje.

El crucero en Halong finaliza sobre las 12:00, y ya hemos comido en el barco, así que el resto del día lo podemos utilizar en llegar a Tam Coc. Hemos mirado en guías, en internet…y poca información, la verdad; así que no parece algo muy sencillo.
Preguntamos a Nam, nuestro guía en el crucero por Halong. Nos ofrece un autobús de su compañía (orientado única y exclusivamente a turistas) por unos 15$. 
- ¿15 dólares? Uffff, es que con eso podemos hacer muchas cosas… – pensamos–.  Además, nos gustaría viajar con la gente de aquí, en el transporte que utilicen los vietnamitas.
- Entiendo. – Nam enseguida comprende que nos hemos dejado una pasta en el crucero pero que no nos apetece ir en modo turista-guiri total.
- Es que nos gusta mezclarnos con el ambiente local y demás…
- Bueno, pues si os parece os puedo acercar con el bus de la compañía, que justamente pasa por delante de la estación de autobuses de Halong, mientras vamos hacia Hanoi.
- Vale, ¡nos viene perfecto! – decimos mientras sonreímos de oreja a oreja. 
Nam nos apunta en un papel, amablamente, cómo decir (en vietnamita) que queremos comprar dos billetes de autobús a Ninh Binh. Nos miramos un poco sorprendidos puesto que en Vietnam prácticamente todo el mundo chapurrea algo de inglés y nos extraña que, precisamente en Halong, necesitemos traducción al vietnamita. Pero bueno…
Un trayecto de unos 20 minutos nos lleva desde el puerto de Halong a la estación de autobús de Halong (Bến xe khách Bãi Cháy, pronúnciese al gusto). Nos despedimos de Nam y del resto de compañeros de crucero y entramos en la estación por su puerta principal. Mientras bajamos del bus, Nam nos dice que en ocasiones podemos coger el autobús “sobre la marcha” en la carretera que pasa al lado de la estación, pero que mejor preguntemos en las taquillas que así será más fácil.
Entrada a la estación de autobuses de Halong.
Ruido, muchos cláxones y muchos autobuses sin orden aparente. A mano izquierda, entrando por la puerta principal, adivinamos una pequeña oficina que parece corresponder a las taquillas.
- Hello, good afternoon – decimos.
- Hello – responden, con cara de saber poco nada de inglés.
- Queremos dos billetes a Ninh Binh, en el próximo autobús que salga hacia allí – decimos, en inglés, obviamente.
Parece que nuestra interlocutora no se ha enterado de nada, así que repetimos mientras sacamos el papel escrito en vietnamita:
- Ninh Binh, two tickets, please – mientras gesticulamos diciendo “dos” con las manos.
La cajera nos cobra 180000 dongs por persona (unos 7€). Vemos que, a nuestra derecha hay un cartel que pone claramente que a Ninh Binh son 120000.
– Oiga, que ahí pone 120000 y usted nos ha cobrado 180000 – señalamos alternativamente el cartel de los precios y el dinero que tiene en la mano.
Interior de la oficina. En el cartel de la izquierda los horarios y supuestos precios.
Entre ella y una compañera, en un inglés bastante pobre, nos dan a entender que ese es el precio del bus de la mañana; que el bus de la tarde se desvía para recoger a pasajeros en la estación y que por eso es más caro. Nos huele a pequeño súper timo, pero nos resulta imposible comunicarnos con ellas, así que nos tenemos que resignar.
No nos entregan los billetes, lo cual nos extraña un poquito más, y nos dicen que esperemos en la salita.
- Nos habrán timado, quizá, pero de todas maneras nos salen los billetes a menos de la mitad que si los hubiéramos cogido con la compañía del crucero – pensamos en voz alta, para sentirnos algo mejor.
Esperando en la oficina a que llegue el autobús.
Aprovechamos el tiempo de espera para ordenar las mochilas e ir al WC más sucio que hemos visto en muchísimo tiempo (¡y de pago, encima!). Esos 2000 dongs (menos de 10 céntimos) duelen, de verdad.
Baños de pago en la estación de autobuses de Halong.
A las 13:30 un autobús irrumpe a toda velocidad en la estación mientras toca el claxon insistentemente. La cajera nos dice que es el nuestro, así que salimos corriendo hacía allí.
Un joven nos ayuda a dejar las mochilas en el maletero y nos indica que nos sentemos al fondo del todo (donde quedan los últimos dos asientos vacíos). A nuestra entrada un silencio absoluto en el autobús. Todos los vietnamitas nos observan. ¿Qué harán estos dos occidentales en el autobús? Nos sentamos y sonreímos a nuestros vecinos, algo cohibidos por la extraña recepción.
El autobús arranca rápidamente y va parando cada pocos metros a recoger más gente. Dado que ya no hay asientos vacíos, poco a poco la gente se va sentando en el pasillo y, posteriormente, de pie en la zona delantera.
Ofrecemos galletas a nuestro vecino de asiento, que tiene pinta de universitario o similar. Con suerte hablará algo de inglés. Un escueto “no” rechaza nuestras deliciosas galletas de coco. Pues nada, intentaremos leer si los constantes volantazos, acelerones y frenazos del autobús nos lo permiten.  
Nuestro autobús, circulando en algún lugar del norte de Vietnam, cuando todavía no estaba lleno del todo.
Cuando llevamos unas 2 horas de camino, el autobús para en una especie de gasolinera/supermercado/área de servicio en medio de una ciudad. No tenemos ni idea de dónde estamos, así que preguntamos a nuestro compañero:
- ¿Ninh Binh?
- No – contesta, mientras hace el número 10 con las manos.
No nos queda muy claro si es que paramos 10 minutos o qué, pero viendo que todos bajan, nosotros también. Y sí, la cuestión es que paramos 10 minutos en esa gasolinera/supermercado/área de servicio de una zona 0% turística de Vietnam. Nos sentimos observados, la verdad. No creemos que vean demasiados extranjeros por la zona, por lo que parece.
Decidimos ir al baño, puesto que no sabemos exactamente cuánto rato queda para llegar a Ninh Binh (son unas 4 horas, por lo que debemos encontrarnos por la mitad).
Nos separamos para ir al baño y, cuando nos juntamos, Paula regresa con cara de susto.
- ¡¡Pedro, no te vas a creer lo que he visto!! – más cara de susto todavía.
Resumido: el baño de mujeres es una sala amplia de suelo inundado, en la que unas 20-25 señoras están sentadas de cuclillas sobre unos ladrillos orinando directamente en el suelo, de manera que “todo” el pis confluye en una canalera a modo de desagüe. Como dice el refrán, vale más una imagen que mil palabras. Y, aunque no sea una foto del lugar en concreto, creo que os podéis hacer a la idea de cómo fue la situación:
Para que os hagáis una idea. Ahora imaginad eso con 20-25 mujeres en cuclillas, con los pies sobre los ladrillos, orinando todas a la vez en una sala semi inundada. Rico, ¿eh?
Subimos de nuevo al autobús, todavía ojipláticos. El resto de trayecto es similar al previo, esquivando motos mediante volantazos bruscos, con únicamente un susto grande (el que se llevó una moto que acabó en una isleta para evitar al autobús).
Llegamos por fin a una ciudad grande, ya de noche (sobre las 17:30 – 18:00), y le preguntamos al joven de al lado:
- ¿Ninh Binh? – ponemos sonrisa de majos.
- Yes – responde con media sonrisa.
Bueno, pues aquí tenemos que bajar. Cerramos la mochila y nos preparamos para cuando llegue la parada. El autobús por fin se detiene y bajan casi todos los vietnamitas. Nos levantamos pero el revisor, atento, nos hace un gesto como diciendo que todavía no, que bajemos más tarde.
Durante el trayecto intentamos leer. Pero la conducción agresiva no ayuda en absoluto.
Suponemos que el revisor sabe lo que hace, así que esperamos en el bus unos 5 minutos más, mientras recorremos las calles de Ninh Binh. De pronto, nos paramos y el revisor nos dice que bajemos. Le damos las gracias por su ayuda.
Sin embargo, estamos en una calle poco transitada y con nulo interés: ni hoteles, ni restaurantes ni nada especial. Parece que nos haya dejado en una calle totalmente aleatoria. Bueno, pues a esperar que llegue un taxi que nos lleve a Tam Coc. Por suerte, enseguida aparece uno, que nos cobra 84000 dongs (unos 3 € y medio, tal y como marca el taxímetro) por recorrer los 9 kilómetros que nos separan de nuestro destino final.
Así pues, llegar de Halong a Tam Coc, aunque no resulta fácil es una opción interesante y que permite vivir algunas aventurillas lejos de los circuitos turísticos más “trillados”.
Lo que hicimos y vimos en Tam Coc, en el próximo post ;)

jueves, 2 de febrero de 2017

Viaje a Vietnam. Crucero por la bahía de Halong

¿Lo véis? ¡Sí!¡Estamos en la bahía de Halong, y mola mucho!


PEQUEÑA INTRODUCCIÓN
Cuando uno oye hablar de Vietnam, lo primero que suele pensar es en la Bahía de Halong. Conocida en todo el mundo por el paisaje fabuloso que forman sus casi 2000 esbeltas islas, esta zona de costa del norte de Vietnam fue declarada Patrimonio de la Humanidad según la Unesco en 1994 y, más recientemente (2011), fue elegida como una de las 7 maravillas del mundo.
La leyenda señala que la bahía fue creada por un dragón que escupía joyas y jade, los cuales se convirtieron posteriormente en roca. Sin embargo, la realidad es que el proceso geológico que formó la bahía de Halong se remonta a hace unos 500 millones de años, en los que la zona estuvo sumergida bajo el mar y posteriormente emergió, erosionándose por la lluvia y el agua del mar.
En la actualidad esta bahía, situada al noreste de Vietnam, constituye uno de los mayores atractivos del país. Por dicho motivo han proliferado notablemente los cruceros turísticos, restando cierto encanto al lugar dada su masificación. No obstante, vale la pena acercarse a este lugar mágico para disfrutar de las islas que salpican sus aguas turquesas.
La bahía de Halong es uno de los emblemas de Vietnam.
Para nosotros era una parada obligatoria dentro de nuestro viaje a Vietnam; de hecho, el crucero por Halong fue lo primero que reservamos. Creemos fundamental informarse bien por internet, puesto que existen decenas de compañías que operan en la zona, y no todas ellas ofrecen la misma relación calidad/precio. Algunos barcos ya viejos pueden ser poco confortables, mientras que los más lujosos suponen gastos desorbitados. Investigando un poco en la red, o hablando con alguien que haya estado recientemente, seguro que encontraremos algo que se adapte a nuestra idea y bolsillo. Con respecto a la duración del crucero, pensamos que con 2 noches/1 día es suficiente; intenso (pocos ratos para descansar), pero suficiente. Una noche más creemos que puede hacerse demasiado aburrida, pero es que nosotros viajando somos hiperactivos…
Finalmente optamos por reservar con Garden Bay Cruises, y repetiríamos. Elegimos  el barco “Garden Bay”, la habitación “deluxe” (que, realmente, es la estándar). Todo incluido, excepto bebida, por 306$. Además del camarote y la comida, todos los cruceros ofrecen actividades similares (paseo en barca o en kayak, cursos de cocina, paseo por alguna de las islas…).
Os presentamos a nuestro barco. Pequeñito (íbamos unos 15 pasajeros), acogedor e impecable.
 NUESTRA EXPERIENCIA
Comenzamos el día muy temprano, a las 04:45, justo cuando el tren que nos trae desde Lao Cai llega a las afueras de Hanoi. Todavía de noche, son numerosos los taxis que esperan a los viajeros a la salida de la estación. El primero nos pide 150000 dongs (6€) por llevarnos al hotel. ¿150000? ¿Estamos locos? Le soltamos un pequeño bufido y nos vamos a por otro taxista, puesto que este primero es un timador profesional. A la ida nos costó 30000 dongs, así que esta vez no puede ser mucho más. Finalmente pagamos 50000 (2€), aunque compartimos el pago con nuestros amigos japoneses del tren, que vienen al mismo hotel que nosotros.
Llegamos al hotel, donde nos han guardado las mochilas grandes durante estos días. Allí nos ofrecen té y plátanos gratis, y nos permiten darnos una merecida ducha. Muy buen trato en el Hanoi 3B homestay.
A las 07:00, tal y como habíamos quedado vía internet, viene a recogernos Nam, el guía de la compañía Garden Bay Cruises. El crucero de 2 días/1noche, con el transporte incluido desde Hanoi a Halong, nos cuesta 306$ en total. Nos lo habían recomendado amigos que habían estado allí previamente y la verdad es que, aunque cuesta un pico, vale la pena ir en un barco más que decente.
Junto con Nam, nuestro guía, salimos en autobús a recoger a más viajeros por varios hoteles de Hanoi. Así pues, compartiremos estos dos días con una gran familia malaya, unos alemanes y un chico gallego, con el que entablamos amistad (¿qué tal, Roberto?).
El trayecto hasta Halong son unos 170 km, que recorreremos en unas 3 horas y media. A mitad de camino hacemos una parada para ir al baño. Casualmente (o no), la parada es una gran nave en la que se realizan todo tipo de artesanías que se venden a los turistas a un precio bastante elevado. Casualmente. O no. Dejémoslo ahí.
Durante la ruta, Nam nos explica brevemente la turbulenta historia de Vietnam, lo cual ameniza el pesado trayecto.
Llegamos al puerto de Halong sobre las 12:00 y, tras esperar unos minutos, por fin subimos a  una pequeña barca que nos acerca al crucero Garden Bay. Allí nos reciben, amablemente, con un pequeño cóctel de bienvenida.
Recién llegados al barco, nos reciben con un sabroso cóctel.
Dejamos las mochilas en el camarote, amplio y muy limpio, y subimos de nuevo a la sala principal, donde nos ofrecen la comida. Sopa de calabaza (¡deliciosa!), ensalada y productos del mar son un menú más que apetecible.
Finalizada la comida subimos a la cubierta superior. Mientras comíamos nos hemos ido desplazando por la bahía y ahora ya estamos alejados de la costa. El día soleado nos concede unas amplias vistas. A nuestro alrededor, en todas direcciones, las características islas de la bahía de Halong. Tomamos una foto tras otra, llegando incluso a agotar la batería de la cámara. 
Estas estupendas vistas nos reciben nada más subir a la cubierta del barco.

Paisajes de ensueño.

¿A que resulta fácil imaginarse viajando en un barco de estos?

El barco navega sorteando las pequeñas y esbeltas islas.
A las 15:00 tenemos la posibilidad de elegir entre 2 actividades programadas: navegar en una pequeña barca de bambú o en kayak. Los más jóvenes nos decantamos por la última opción.
Partimos de una pequeña playa y realizamos algo más de una hora de recorrido, disfrutando de las vistas y descubriendo algunos rincones escondidos.
Al finalizar la ruta regresamos a la misma playa, donde descansamos un rato (hacer kayak cansa ¿eh?) mientras vemos atardecer. Mágico, sin duda.
Preparados para salir a navegar en kayak.

Venga, Pedro, rema que yo quiero disfrutar de las vistas ;)

Atardecer mágico.
De regreso al barco nos damos una ducha y, en la sala principal, asistimos a una clase de cocina. Sin mucho misterio, la verdad, aunque podemos ver cómo se preparan los deliciosos rollitos vietnamitas. ¡Y lo mejor de todo es que, una vez cocinados, nos los comemos y podemos repetir!
Tras la cena hacemos un poco de sobremesa junto al chico gallego, Roberto, jugando al parchís. Nos ofrecen la posibilidad de intentar pescar algún pulpo, aunque nos advierten de que no es la mejor época, por lo que declinamos la oferta. Preferimos irnos a dormir, que ha sido un día largo.
Mira qué majo me ha quedado el rollito.
Pedro: - Ya está.          Nam: - El peor rollito que he visto en mis 15 años en este crucero.
Estupendo buffet el que nos ofrecen para cenar. Los rollitos ya nos los habíamos comido antes.
Suena el despertador a las 06:00, con las primeras luces del día. Hemos madrugado para subir a la cubierta a hacer tai-chi, junto al capitán del barco. Con lo bien que estábamos en la cama y pasar fresco haciendo estas cosas…uffff…
Hace fresquito por la mañana, nos vendrá bien para despejarnos.
Desayunamos (muy bien) y tomamos la pequeña barca para acercarnos a una isla en la que podemos visitar una cueva. Parece increíble que una islita tan pequeña contenga en su interior una cueva semejante. Nos sorprende, sin duda.
Posando junto a Roberto, Nam y una tripulante del barco.

No hubiéramos ni siquiera sospechado que dentro de una de las islas hubiera una cueva tan grande.

En lo alto de la isla.
Paisaje majestuoso.
Al regresar al barco preparamos nuestras mochilas y después subimos a la cubierta superior, donde disponemos de más de una hora para relajarnos con las vistas. Como el día anterior, nuestra cámara echa humo.
Unas cuantas de las aproximadamente 2000 islas de la bahía.

Entre las decenas de barcos turísticos podemos encontrar algún pequeño pesquero.

¿Se puede ser más feliz?

Espectacular, sin duda.
En torno a las 11 u 11:30 nos ofrecen la comida, mientras llegamos al ajetreado puerto de Halong. Antes de bajar del barco y cruzarnos con los cientos de turistas que se encuentran allí, estamos un rato hablando con el guía, Nam, quien nos indica la manera de desplazarnos a Ninh Binh. Pero eso lo contaremos en el siguiente artículo del blog
Conversando con Nam, a ver si nos explica cómo llegar a Ninh Binh.